Yerba Mate Taragüi: El poder de un sabo


Misteriosa muerte de una trans argentina en Roma que se había reunido con el Papa

 


Tenía 48 años y había nacido en Chaco. Hace unos días la encontraron muerta, desnuda, sobre una cama, en un hotel de una de las profundas periferias urbanas de Roma, en Italia. Naomi Cabral era una transexual argentina (en cuyo DNI figuraba el nombre Alejandro Daniel Cabral). Recibía a sus clientes en un departamentito del Hotel Samoa de Tor San Lorenzo, a dos pasos de Torvaianica, en pleno litoral romano: allí fue encontrada sin vida el pasado 6 de octubre por Claudia, transexual, compatriota y vecina de Naomi.

A la espera de la autopsia, el caso es un misterio que gira alrededor de una pregunta clave: ¿en el momento de la muerte, Naomi estaba sola y algo le pasó o alguien transcurrió esas últimas horas con ella? Quizás ese “alguien” se asustó ante un malestar de la mujer trans y decidió escapar del lugar, dejándola morir en cambio de pedir ayuda. 


Del “legajo Naomi” se ha hablado mucho en los medios locales, mientras los investigadores revisan las cámaras de seguridad de la zona en busca de alguna pista útil.


Todo depende ahora del resultado de la autopsia ordenada por los fiscales italianos que están indagando en el ramificado mundo local de la droga, además de rastrear eventuales restos de estupefacientes o fármacos en el cuerpo de la argentina. No hay duda sobre el hecho de que trascurrieron muchas horas entre el instante del fallecimiento y el momento en el que su amiga Claudia golpeó, inútilmente, a la puerta del cuarto de Naomi y la encontró sin vida. 


Mientras, los medios romanos hablan del caso: “Trans muerta, a la caza del último cliente”, titula por ejemplo Il Messaggero, principal diario de la capital.


Los colores de la periferia. Toda la historia que gira alrededor de Naomi, no solo su desenlace, tiene un trasfondo “pasoliniano”. Ante todo el sitio, el litoral de Roma: el asesinato de Pier Paolo Pasolini, ocurrido en 1975, tuvo lugar en Ostia, a 20 kilómetros de Torvaianica. En esta área del sur de la capital hay campos bien cultivados y establecimientos industriales, además de mucho cemento y largas cuadras con departamentos de pisos bajos.


El padre Andrea Conocchia es el párroco de esta zona apretada entre la orilla del mar y la Pontina, la autopista que llega hasta Roma desde el sur. El sacerdote cuenta con orgullo su visita hace un tiempo de la diócesis Merlo-Moreno en Buenos Aires mientras recibe a PERFIL en la iglesia de la Beata Vergine Immacolata al término de una concurrida misa en un día laboral.


“Torvaianica tiene el perfume y los colores de la periferia. Acá hay personas buenas, muy simples, y amigos emigrantes con empleos temporarios que durante el invierno no se sabe dónde viven, adónde van. También hay bolsones de marginalidad y, por otra parte, el hecho de que en nuestro territorio haya habido –y quizás siguen estando– ‘familias’ de la mafia es algo que todo el mundo sabe”, contó. 


Y continuó: “Corre muchísima droga así como arrestos por el tráfico de drogas y la usura. Muchos adolescentes han sido abandonados a su destino. Gran parte de las personas radicadas en Torvaianica son ancianos mientras que muchos jóvenes están solo de pasada. Acá se encuentran departamentos a un precio más accesible que en Roma, son muchos los que después de un tiempo se van”.


El padre Andrea no descarta la posibilidad de que la de Naomi haya sido una muerte violenta. “Quizás ese día en ese cuarto del hotel hubo alcohol, drogas (¿sobredosis?) o quizás la causa del deceso fue por prestaciones sexuales particulares”.


El sacerdote, que está en primera línea en esta compleja realidad económica y social, organiza desde hace tiempo encuentros de grupos de transexuales con el Papa. Acompañadas por la religiosa francesa Genevieve Jeanningros, el pasado 27 de abril Francisco recibió a cuatro transexuales sudamericanas de Torvaianica: Naomi era una de ellas. Ese día estuvieron en el Vaticano también Minerva (peruana), Laura (paraguaya) y Marcela (uruguaya).


“Esa fue la primera de una serie de iniciativas similares que logramos organizar tras el estallido de la pandemia. Todo empezó cuando Naomi y otras chicas se presentaron un día al portón de nuestra iglesia y nos pidieron comida: les dimos pasta, tomates, harina, verdura, café, azúcar. A partir de allí, me fueron contando que se prostituían. Como no podían trabajar en la calle por las medidas antivirus necesitaban urgentemente ayuda, no lograban ni siquiera pagar los cuartos donde reciben a sus clientes. Para mí el de la transexualidad era un mundo desconocido, pero poco a poco aprendí a escucharlas y a conocerlas”. 


Pero en un momento el padre tuvo una idea y les propuso: “Ustedes son argentinas, si escriben la historia de sus condiciones de vida quizás el Papa, que es como un párroco de todo el mundo, les va a dar una mano”. Dicho y hecho, las cartas que las chicas enviaron a Francisco estaban obviamente escritas en castellano, además de estar acompañadas por dibujitos, corazoncitos y flores. Las mandé al Limosnero del Papa, el cardenal Konrad Krajeweski, quien rápidamente respondió aprobando las ayudas. Acto seguido nos hizo llegar en una ambulancia cincuenta vacunas anti-Covid, además de test, hisopados, alimentos: todo destinado a nuestra comunidad de transexuales, de la que el Papa es muy amigo. El encuentro que tuvimos con el Papa fue precisamente para agradecer esas ayudas”.


¿Cómo reaccionó Francisco tras conocer la noticia de la muerte de Naomi? “Sor Genvieve lo visitó nuevamente hace poco y le llevó una tarjeta con una foto, en la que figura Naomi, de nuestro encuentro con él. Francisco agradeció el gesto y comentó que así podrá rezar y recordarla”.


Del encuentro con el padre Andrea en su parroquia participaron también Minerva y Laura. “Llegué a Italia hace años tras un largo periplo, de Lima a Bolivia, luego Argentina y finalmente Roma”, recuerda Minerva. “No hay rastros precisos sobre la muerte de Naomi, la verdad no tengo idea sobre lo que pasó, pero lo que se dice en nuestro ambiente es que murió por cocaína contaminada con un veneno. Cocaína hay por todos lados y donde hay trans hay droga, esta es la triste realidad”.

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